LA DIFERENCIA ENTRE UN PROFESOR QUE ENSEÑA Y UNO QUE DEJA HUELLA
Hay algo que llevo pensando desde que empecé la carrera: casi no me acuerdo de muchos de los contenidos que estudié en el colegio o en el instituto, pero sí recuerdo perfectamente a algunos profesores. Y eso creo que dice mucho sobre la educación.
Me acuerdo de profesores que entraban en clase y directamente se ponían a explicar el temario siguiendo el libro al detalle y al terminar se iban y así cada clase. Se limitaban únicamente a eso no aspiraban a nada más. Incluso mostraban poco interés en si sus clases las entendíamos o nos habían quedado claros los conceptos dados. Muchos de estos profesores se han borrado mucho de mi memoria con el tiempo.
Sin embargo, hay otros que sí permanecen. Lo curioso es que muchas veces no los recuerdo por los apuntes ni por las notas que sacaba con ellos; los recuerdo por cómo hacían sentir a la clase. Por ejemplo, me acuerdo sobre todo de un profesor (que en aquel momento me daba Matemáticas) que tenía la capacidad de hacer que participar no diera vergüenza. Y esto puede parecer una tontería, pero no lo es. En muchas clases responder daba miedo: miedo a equivocarte, a quedar mal o a que los demás se rieran. En cambio, con él el ambiente era completamente distinto. Sentías que podías pensar en voz alta sin miedo constante a fallar.
Ahora, echando la vista a atrás, me doy cuenta de que eso también es educar.
Antes pensaba que un buen profesor era simplemente alguien que sabía mucho sobre una materia, la explicaba y la hacía entender bien (esto también es importante, claro). Pero cuanto más aprendo sobre educación, más entiendo que enseñar implica muchas más cosas: crear confianza, generar un espacio seguro, despertar interés y conseguir que los alumnos sientan que forman parte de algo. En ese sentido, me acordé bastante de las ideas de Wenger sobre las comunidades de aprendizaje y el sentimiento de pertenencia. Porque muchas veces aprender no depende solo del contenido, sino también de cómo te sientes dentro del grupo y del espacio en el que estás.
Y creo que eso explica por qué algunos profesores dejan huella y otros se olvidan más fácilmente. No porque sean más entretenidos y conviertan todo en juegos sino porque consiguen que el alumnado se sienta comprendido y tenido en cuenta.
Ahora que estoy estudiando para dedicarme a la educación, esa idea me impresiona bastante porque me hace pensar que probablemente muchas veces los alumnos olvidarán parte de lo que expliquemos, pero recordarán perfectamente cómo se sentían en nuestras clases.
Eso me da un poco de vértigo, no nos vamos a engañar.
También me hace replantearme algo: quizá enseñar no consiste solo en transmitir información correctamente. Quizá consiste en crear las condiciones para que alguien quiera aprender. Y aunque todavía estoy empezando en esta carrera y me queda mucho por aprender, creo que esa es una de las ideas más importantes que me estoy llevando hasta ahora.



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